4 de septiembre de 2017

Prácticamente todas las discusiones en torno al branding están enmarcadas en contextos de consumo masivo. Entre las principales razones para este enfoque están: la mayor visibilidad, la magnitud de las inversiones en desarrollo y promoción de las marcas de consumo y el hecho de que estas dominan los medios masivos a los cuales las personas están expuestas diariamente.

Es errado sin embargo concluir que el branding es un arma menos poderosa para los profesionales de mercadeo en segmentos B2B, de lo que es para los de consumo masivo.

Existen dos componentes de significado psicológico de una marca que son la conciencia de marca y la imagen de marca. Los clientes deben saber que productos o servicios están asociados con cierta marca (conciencia de marca) y deben entender cuáles atributos y beneficios ofrece la marca que la hacen mejor que las demás opciones disponibles (imagen de marca).

Entendiendo las diferencias fundamentales de las funciones de una marca en B2B con respecto a B2C, sabremos que una marca B2B bien direccionada puede obtener las mismas ventajas que una marca de consumo masivo, tales como una mayor lealtad, precios Premium, la capacidad de extenderse a otros segmentos, entre otras.

El desarrollo y direccionamiento de una marca debe iniciar desde los fundamentos de la estrategia de mercadeo y el desarrollo del plan de mercadeo. Si bien esto parece obvio es muy común encontrar compañías B2B construyendo “estrategias” de branding, sin antes haber hecho el trabajo básico de una estrategia de mercadeo.

Una marca va mucho más allá de un nombre o un logo, es por esto que el branding no es un reto de naming o diseño, es un reto estratégico.  Por eso la cuestión no es si debemos ¿brandear o no brandear?, la cuestión es ¿Cómo preparamos nuestras compañías para afrontar el reto estratégico del branding B2B?

 

¿Cómo está enfrentando su compañía B2B este reto?

Daniel Vélez - Vatium

2014