¡Odio hacer presentaciones!

Son pocas las personas que disfrutan hacer presentaciones frente a sus compañeros, jefes, clientes y mucho menos ante grandes audiencias.

Hacer presentaciones efectivas y ganadoras implica salir de la zona de confort. Es mucho lo que sucede antes del momento de la presentación, lo que tenemos que entender, el discurso que hay que construir y la forma en que debemos prepararnos para contar la historia de una forma coherente y contundente.

Es en este proceso donde muchos fallamos, donde dejamos cabos sueltos que terminan haciendo que el resultado no sea el esperado ni el mejor.

Hacer una buena presentación no es solo cuestión de diseño (aunque este es un punto clave), una presentación bonita sin un discurso potente puede llegar a impactar, pero no necesariamente mueve a la acción ni genera los resultados para los cuales fue creada.

Aunque las habilidades para una comunicación efectiva y asertiva son esperadas en la mayoría de los perfiles profesionales, la realidad es que no todos cuentan con ellas y para muchos cada presentación se convierte en un momento de estrés, se desconcentran de aquello en lo que verdaderamente aportan valor, pasan horas frente a su computador con una diapositiva en blanco pensando por dónde empezar y qué decir.

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Es común ver cómo la presentación se va convirtiendo en una seguidilla de diapositivas llenas de datos, pero carentes de esencia, sin alma, sin una historia vinculante que haga que todo cobre sentido y logre su objetivo principal: inspirar y movilizar a la audiencia.

Cada día vemos más líderes de compañías utilizando historias como el marco para presentar sus planes, proyectos y estrategias, líderes que han entendido que los datos sueltos no mueven a los seres humanos, no los impulsan. Ellos comprendieron que la clave para lograr transformaciones profundas y duraderas está en hacer que sus equipos visualicen el futuro que ellos imaginaron, que lo sientan tangible, posible, alcanzable y atractivo.

Una presentación de lanzamiento es un momento de verdad clave y fundamental para la adopción. El reto es lograr traer el futuro al presente y mitigar las incertidumbres con argumentos contundentes, y es ahí donde las historias juegan un papel importantísimo.

Pero construir la historia es solo la primera parte del reto, de ahí sigue utilizar los recursos adecuados para transmitir el mensaje de una forma potente y finalmente saber contar la historia de forma que enganche a la audiencia, que la conecte y la inspire.

Tu puedes estar involucrado en una o en todas las etapas, pero no puedes perder de vista que, si alguna flaquea, el objetivo que se está tratando de alcanzar puede ponerse en riesgo, o tomar más tiempo del esperado en ser alcanzado.

Si en nuestra vida personal contamos historias para conectarnos con los demás, ¿por qué no apropiarnos de este recurso tan valioso en nuestra vida profesional y ponerlo al servicio de aquello que queremos lograr? No es fácil construir una historia, y menos contarla bien, pero quienes se atrevan a salirse de su zona de confort y retarse para meterle emoción a lo que de cualquier otra forma serían presentaciones basadas simplemente en la lógica y los datos, serán premiados con la atención de la audiencia y una mayor disposición a comprar sus ideas y adoptar sus iniciativas.

 

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